Sonó el
despertador, a las seis de la mañana. Desperté y me levanté a la misma hora de siempre. Todo
marchaba bien. Volví hacer la misma rutina de toda una semana, pero me dio la
impresión de que ese día iba a ser
totalmente diferente. Quizas un presentimiento de que algo malo iba
a pasar y así lo fue. Lo primero que se me vino a la mente fue, que si la amistad que tenía con Alonso hiba a ser como antes. No llegué a ninguna conclusión. Se me hacía tarde y
todavía tenía que bañarme, arreglarme y desayunar para ir a la escuela. Ese día
ocasionalmente tropecé con mi mamá. Ella estaba en la cocina preparando
mi desayuno.
Recuerdo que la note algo rara, pero no
precisamente por el golpazo que nos habíamos dado. Sino que había algo más en
ella. Me dio la impresión de que estaba algo enferma. ¡Enferma! No creo—eso fue lo que pensé—ella me hubiera dicho algo. Y sí,
fui algo egoísta. Por que ni si quiera me tome la molestia de preguntarle si estaba
bien o no, pero muy pronto me habría de arrepentir por eso. Claro, lo que a mí
me importaba en ese momento era llegar a la misma hora y lugar para encontrarme
con Alonso, sí mi mejor amigo, que un día antes se me había declarado. Salí muy
apresurada de mi casa y ansiosa por encontrarme con él, que no me
puede despedir de mi mamá. Cuando llegué a la parada, él estaba allí. No sabía si saludarlo
o no, pues mi respuesta había sido que no. Que yo no quería ni estaba preparada
para iniciar una relación y menos sabiendo que estaba en juego algo muy importante,
nuestra amistad. En realidad la única razón era que tenía miedo. Sí miedo a enamorarme profundamente de él.
Pero claro él no lo entendió, pues esa mañana me ignoro. Tal vez él pensaba que
lo había traicionado, pero para mí no fue así. No quise precipitar las cosas,
pues tenía que darle tiempo a todo esto. Aborde el autobús y me dirigí a la
escuela. Consolada de que las cosas mejoraría en el transcurso del día.
Estaba
en mi clase de matemáticas, cuando de pronto vi que mi tutora se dirigía hacia
mi salón. Extrañamente solo me observaba a mí. Muy nerviosa y temerosa se
acercó y me dijo:
—tal vez
no va ser fácil ,pero tengo una mala noticia para ti. —Ahí es cuando confirme mis sospechas. Mi presentimiento de que algo
malo iba a pasar se había hecho realidad .
— ¡No por favor! tiene que ser un error. Mi madre no puede estar muerta.